Llegan los últimos días del año y toca hacer balance de este 2025 que está a punto de finalizar. Afortunadamente me vienen a la memoria muchos, buenos e intensos recuerdos vividos en el mejor escenario que se me puede ocurrir: la montaña.
He pasado gran parte de estos últimos trescientos sesenta y cinco días recorriendo cumbres en diferentes rincones del planeta. Desde las mas cercanas a mi hogar, no por ello menos maravillosas, hasta las cordilleras mas elevadas del planeta: Andes, Himalaya y Karakorum. Además de pasar gran parte de mi vida en el lugar donde deseo permanecer más tiempo, he tenido la fortuna de hacerlo, en la mayoría de los casos, desarrollando mi actividad profesional como fotógrafo y videógrafo, otra de mis grandes pasiones.
Algunas de las actividades más destacables donde he podido trabajar con mi cámara durante este año han sido:

– Febrero 2025. Aconcagua (6.960m). Cordillera de los Andes.
Apenas inaugurado el nuevo año recibía la primera propuesta interesante de trabajo. Mi amigo Carlos Soria proyectaba realizar una rápida incursión a la montaña más alta de América. Carlos tenía varios motivos para llevar a cabo este proyecto. Durante el año 2025 se cumplía un importante aniversario. En 1975 se realizó la primera ascensión española a una de las catorce cumbres de mas de ocho mil metros del planeta: el Manaslu (8.163m).
En esa ocasión Carlos Soria fue uno de los integrantes del grupo, clave para el éxito de la expedición. Triunfo que se materializó con la llegada a la cumbre de Jerónimo López y Gerardo Blázquez. Cincuenta años después, Carlos quería regresar a esta montaña para rendir un homenaje a todos sus compañeros. Una bonita excusa para volver a una gran montaña tras el grave accidente que sufrió en el Dhaulagiri (8.167m), en la primavera de 2023.
Se planteaba intentar la cima del Aconcagua en febrero, para probarse de nuevo frente a una gran montaña tras dos años de convalecencia, consecuencia del grave accidente donde se fracturó tibia y peroné. Pero, además, esta actividad serviría para crear expectación entre los medios de comunicación, buscando algo de publicidad que ayudara a conseguir el apoyo necesario para llevar a cabo la expedición al Manaslu, cincuenta años después.

Mi trabajo consistiría en ser testigo, a través de la cámara, de la increíble ascensión de Carlos, con 86 años,a los casi siete mil metros de altura de la montaña más alta de América.
Esta cumbre no presenta grandes dificultades técnicas, pero su ascensión se desarrolla en un ambiente de altitud, sobre un recorrido de gran magnitud.
Además de grabar y fotografiar, en esta ocasión tenía que desarrollar un trabajo de edición y comunicación, publicando imágenes y piezas de vídeo en las redes sociales de Carlos y compartiendo contenido audiovisual con los medios.
El resultado de la expedición fue absolutamente positivo. Ambos ascendimos a la cumbre, sin ningún percance, disfrutando de la montaña. Además pude dar testimonio de toda la actividad con gran detalle y mucha repercusión mediática en periódicos nacionales e internacionales, telediarios y programas de radio y televisión de máxima audiencia.

– Abril – mayo. Everest (8.848m). Cordillera del Himalaya.
Todavía estaba en el Aconcagua cuando recibí un mensaje proponiéndome lo que iba a ser mi próximo proyecto profesional. Un whatsapp de Alex Abramov, propietario de la agencia rusa “7 Summit Club”, con el que ya había trabajado en el K2, me emplazaba a formar parte de su equipo de rodaje como cámara de altura, con el cometido especial de llegar a la cumbre más alta de la Tierra filmando con mi cámara. Apenas mes y medio después de alcanzar la cima del Aconcagua, me encontraba caminando por el valle del Khumbu, en Nepal, rumbo al Everest.

El argumento del documental para el que tenía que filmar era muy sugerente. Sergey Ryazanskiy, un gran astronauta ruso, acostumbrado a permanecer largos periodos de tiempo en el espacio, había quedado cautivado con la imagen del Everest desde su base espacial. En varias ocasiones fotografió la montaña más alta de la Tierra desde el cosmos. Años después, cuando su carrera espacial estaba finalizando, quería volver a observar el espacio desde el punto más cercano a las estrellas que permite nuestro planeta: la cima del Everest.

Me convertí en la sombra de Sergey, filmando todos los detalles de su ascensión hasta los 8.848 metros de la misma cumbre. Conseguimos llegar al punto mas alto de la Tierra a pesar de las dificultades climatológicas. En una primera tentativa fuimos rechazados por la tormenta, teniendo que descender desde el campo IV, a ocho mil metros. Buscamos una segunda oportunidad. Otra vez nos encontrábamos en el campo IV. Aunque la ventisca nos azotó durante toda la noche pudimos alcanzar la cima a primera hora de la mañana.
Recoger con mi cámara los últimos pasos de Sergey hasta la cumbre del Everest fue realmente emocionante y una gran satisfacción profesional como cámara de altura.

– Junio. Cordillera Blanca. Perú.
Apenas unas semanas después de regresar de Nepal, emprendía un nuevo periplo a los Andes. Esta vez viajaba con mi compañera Parvaneh Kazemi, con el objetivo de visitar algunas cumbres de la Cordillera Blanca, uno de los rincones más hermosos de Perú.

En esta ocasión mi trabajo se centró en la fotografía, buscando las mejores luces mientras recorríamos las quebradas andinas y disfrutábamos de algunas ascensiones sobre sus maravillosos nevados, entre los más bellos de la Tierra.

– Agosto. Travesía glaciares Biafo-Hispar. Cordillera del Karakorum. Pakistán.
Una de las facetas que más me gusta de mi trabajo es la de compartir mi pasión por la fotografía y la montaña con otras personas. Todos los años, coincidiendo normalmente con el verano, organizo un gran viaje fotográfico con la agencia Taranna Trekking. Este año el objetivo volvía a ser las montañas del Karakorum, sin duda una de mis cordilleras favoritas.

El viaje consistía en una larga y muy exigente travesía a pie, enlazando los glaciares Biafo e Hispar, a través del Hispar la (5.150m). Once días caminando por un terreno muy complejo en medio de uno de los lugares más remotos y salvajes de esta cordillera. Cada día, el entorno que nos rodeaba ofrecía paisajes absolutamente solemnes.

– Septiembre. Manaslu. Cordillera del Himalaya
A finales de agosto regresé a España desde Pakistán. Solo disponía de tres días en casa. Lo justo para lavar rápidamente la ropa y viajar de nuevo, esta vez rumbo a Nepal.
El proyecto por el que tanto había peleado Carlos, con el objetivo de celebrar el 50 aniversario del primer ocho mil español, salió adelante, a pesar de la falta de apoyos.

Nuestro plan era entrenar y aclimatar durante dos semanas en el valle del Khumbu, a los pies del Everest y, posteriormente, desplazarnos al campo base del Manaslu para intentar llegar a la cumbre de una manera rápida.
El trabajo con la cámara me convertía de nuevo en testigo directo y privilegiado de esta gran proeza. Mi cometido era recoger el testimonio de Carlos con la mayor sensibilidad posible, en una de sus expediciones más emocionantes, con el objetivo de realizar, posteriormente, un gran documental sobre la singular historia de Carlos Soria.

Durante la ascensión grababa cada detalle, cada uno de los matices que Carlos se encargaba de narrar en primera persona.
La jornada de cumbre fue larga y extenuante. Partimos desde el campo II (6.400m). Descansamos durante unas horas en el campo III (6.800m) y desde aquí partimos hacia la cima, sobre las 4:30 de la tarde. Con los primeros rayos del sol alcanzamos el punto más alto del Manaslu a 8.163 metros. Un instante absolutamente emocionante en el que fui consciente de que estaba siendo testigo, a través de mi cámara, de un momento único, histórico. Carlos, con 86 años, se convertía en la persona más mayor en alcanzar una cumbre sobre los ocho mil metros, algo que tardará mucho en repetirse.

Tras esta expedición, el principal reto que se me presenta en este recién estrenado 2026 es realizar un documental acorde a la gran historia de Carlos Soria.

– Diciembre. Ala Dagh . Turquía.
Los últimos días de 2025 los pasé en la montaña, como no podía ser de otra manera. Junto a mi compañera Parvaneh, visitamos las montañas de Ala Dagh, en el corazón de la Anatolia turca. Una cordillera poco frecuentada, especialmente durante el invierno. Un encuentro fortuito con un lobo, cuando caminábamos por este rincón de los montes Taurus, daba fe de nuestra absoluta soledad en este territorio. Sin duda una buena manera de despedir este año, vivido intensamente entre montañas.

– Exposiciones y publicaciones.
Durante 2025 tuve la oportunidad de exponer mi trabajo fotográfico en el Centro Fotográfico de La Alhóndiga (Segovia) y en el Centro de Estudios Lebaniegos (Potes – Cantabria). Además publiqué un nuevo libro, con Ediciones Desnivel, basado en mi exposición fotográfica: “Luces y sombras de montaña”.

DATOS TÉCNICOS DEL EQUIPO DE TRABAJO
Mi trabajo como videógrafo y fotógrafo en la montaña tiene que adaptarse a una serie de características muy particulares que me obligan a realizar una selección muy exigente del equipo técnico con el que voy a desarrollar mi actividad audiovisual. La gran altitud, largos periodos trabajando en terreno adverso, con gran exigencia física y temperaturas muy bajas, son algunas de las particularidades de mi actividad con la cámara. Mis exigencias principales son: ligereza y minimalismo, buscando siempre el mejor rendimiento, calidad y máxima eficacia, adaptándome a la realidad del terreno y de la actividad que tengo que grabar y realizar.

Mi equipo de trabajo habitual está formado por las siguientes cámaras:
– Lumix S1H.
Hasta el campo base realizo mi trabajo con esta cámara. Un robusto cuerpo equipado con sensor full frame que me permite desarrollar mi trabajo de vídeo y fotografía con el mejor resultado y calidad posible. Los objetivos que he usado son:
– 24-105. Lente muy polivalente que me permite realizar la mayor parte de tomas durante la acción.
– 70-200. Objetivo empleado principalmente para detalles de paisaje y planos cortos con muy buena definición y una profundidad de campo reducida.

– Lumix GH7. Cámara empleada durante la ascensión con una lente 12/35 F2.8 que debido al sensor micro cuatro tercios duplica su distancia focal a 24/70. La versatilidad de este objetivo me permite prescindir de otras lentes, evitando los cambios de objetivo en situaciones de clima desfavorable, que podrían producir suciedad y daños en el sensor. Además me permite aligerar el equipo durante la ascensión.
El cuerpo de la GH7, perfectamente sellado, ofrece una grandísima resistencia frente a un uso muy severo, donde se castiga considerablemente el equipo, sometido a condiciones muy adversas y temperaturas muy bajas. Con esta cámara he logrado grabar en la cumbre del Manaslu (8.163m), K2 (8.611m) y Everest (8.848m). Con un modelo anterior: Lumix GH4, pude trabajar en la cumbre del Annapurna (8.091m) sometido a una climatología muy hostil.

En la cima del Everest, a casi 9.000 metros, las condiciones fueron tremendamente frías y exigentes, poniendo a prueba la resistencia de esta cámara.
Este equipo lo complemento con una pequeña cámara de acción, dron y microfonía variada.


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